“Eso no es lo que quería decir”
Ese es el mayor problema que tengo con la idea de escribir no ficción. Siempre dudo de las palabras que elijo, pese a que sé a ciencia cierta que soy más cuidadoso que la mayoría con ellas.
Siempre dudo, también, de la capacidad de otros de entender lo que estoy diciendo. “Capacidad” es algo cruel, pero no lo uso como “habilidad”, sino como reflejo de la problemática que me plantea el cómo voy a conseguir explicar algo, una idea, algo intangible y opinable, a otra persona, forjada por otras experiencias, portadora de otras taras y que ha sido moldeada por ellas a través de otros procesos de los que lo hicieron conmigo.
No soy filósofo, porque para serlo siempre he creído que debes tener una base cultural, sobre todo literaria, mucho mayor que la que yo tengo. Duro es darse cuenta de que esa idea tan novedosa que has tenido, esa revelación sobre la que podrías estructurar gran parte de tus opiniones y pensamientos, es una nota al pie de un gran filósofo que te precede.
Imagino que es la misma sensación que la de un guitarrista que se emociona al haber compuesto un riff o un arpegio solo para darse cuenta de que es un flagrante plagio de otra canción.
Las ideas, al igual que la música, incluso más, se quedan en la parte de detrás de nuestro (mi) pensamiento y nos hacen sentir que son fruto de nuestra originalidad y experiencia. Nada más lejos, si ya es difícil huir de las alegaciones de ser solo una suma de lo que me precede, cada vez que alcanzo una certeza, una teoría del todo que me permita unificar mi concepción del mundo, me doy cuenta de que su verdadero (original) autor ni siquiera la considera una de sus ideas principales, sino una pieza más de un puzle que se ha construido y con el que yo suelo discrepar profundamente. Ni siquiera puedo adoptarlo como mío. Ese puzle solo está ahí para demostrarme que ni la idea era original ni comenzaba a ser siquiera una fuente unificadora. Cuando eres filósofo, tus observaciones se confunden con las ideas más profundas del resto.
Esta introducción se me hace fácil. No tengo que opinar ni enfrentarme a mi opinión. Esto es solo una queja, la versión formal del miedo a tirarme a la piscina de golpe.
Ya veremos cuando tenga que decir lo que pienso. De momento, vamos poquito a poco, que no es necesario tampoco buscar el(mi) shock el primer día.
El cuadro de hoy